ROCÍO CERDÁ

¿Cómo abrir un agujero en una sombra?

Por Rocío Cerdá

Mi vecina, una mujer de mediana edad, se despierta a las 7am en Barcelona. Saluda a su roommate mientras prepara un café y, antes de salir de su casa, vuelve a buscar el móvil debajo de su almohada. Lee el mensaje matutino de su app Calm yoga: “Cuida tu alma, vive el presente”. Sale a la calle, coge el metro y llega a la oficina. Saluda al portero, se da cuenta de que no recuerda ningún rostro del viaje. ¿Había alguien más? Sí. Olí su sudor. Se ubica en el escritorio, deja su bolso en el suelo. Enciende el ordenador: abre Google por costumbre, abre Claude por necesidad. ¿A qué se dedica cada día? Ni ella tiene intención de contarlo. 

 

Dos horas antes, un hombre que vive al otro lado del Atlántico abre la ventana, mira la luna y busca su smartphone. Comienza el scroll infinito entre noticias, tutoriales y curiosidades de cetáceos en Tik Tok. Mientras se lava los dientes, deja que el agua se escape por el grifo. Abre la puerta y comienza su viaje cotidiano. Unas pocas bicicletas pasan rápido. Se le cae la mochila, pero lucha por sostenerla con su hombro. Llega a la oficina y, al abrir la puerta, saluda esperando que alguien le responda. Entra a su cuadrilátero productivo. Se ubica en el escritorio vacío junto a la ventana. Llueve… En un doc sin nombre, tipea sobre el teclado con una fuerza torpe: hartazgo, amor y llamar a mamá. Abre un Excel ‘Payrolls 25_DIC’. Mira las columnas, los nombres de esos miles de trabajadores sin rostro, las cifras con sus grotescas oscilaciones de ceros, los impuestos a pagar… Y se dice: ¡Fuck them all! Que los liquide a todos el Chat GPT.

 

Miles de kilómetros hacia el sur, en la puerta de una escuela en Buenos Aires, un preadolescente hijo de una familia de clase media resuelve la tarea segundos antes de que suene la campana para entrar a clase. El padre intenta sermonear a su hijo, pero los comentarios sobre la última foto que subió a su Insta no se lo permiten: “¡Qué partido el de anoche, amigo!”, 15 likes,“¡Jugadorazoo!”, más aplausos. Mientras tanto, su hijo preadolescente le dice a su agente de IA: “Haceme la tarea de historia del siglo XX de aquí a fin de año. Quiero escapar, amigo”. La máquina le responde, el joven ejecuta y…voilà! 

 

Tres horas más tarde, la tía madrileña del preadolescente cuenta en la pausa de la comida que se desquita maltratando a la IA. “Es mi becario mal pago”, confiesa entre risas en la cafetería. Una gerenta dinamarquesa y pro tech le responde: “Ten cuidado. Serán como humanos y vendrán a buscarte primero”.  La risa jocosa de la madrileña se esfuma al mismo tiempo que en una sala de reuniones de una empresa de finanzas en Londres, un compañero de trabajo le comenta a otro que pasó de la euforia al temor de ser reemplazado por una inteligencia. “Me siento más triste cuando trabajo. Estoy solo aunque ella me adule como a Boris Johnson”. Su compañero no comprende qué le pasó. Intenta devolverlo a la fascinación de la innovación tecnológica y le recomienda otro youtuber más especialista en AI.

 

Y a las seis de la tarde, cuando el reloj se acerca al final de la jornada, una psicóloga le pregunta a su paciente expat si ella también usa “ese nuevo chat que todo lo responde” mientras ubica la cámara para comenzar la sesión en modo remoto. La paciente, una joven treintañera, le responde que sí y se ríe al escucharse confesar en voz alta que, en realidad, ella lo que busca es diseñar un superagent que haga lo que no le gusta hacer. “Yo necesito ganar más libertad”, sentencia.

1. Aquello que nombramos

Si alguna de estas escenas te resulta familiar, entonces coincidiremos en que las conversaciones sobre estas “nuevas” tecnologías han aumentado desde el lanzamiento de Chat GPT a finales de noviembre del 2023. Los términos como inteligencia artificial, IA/AI, modelos de lenguaje, LLMs, chatbot y prompt, por ejemplo, se han incorporado a nuestro lenguaje sin mucha distinción. De hecho, si hacemos una rápida comparación de estos términos a través de Google Trends, podemos hacernos una idea de su alcance, tanto en inglés como en español:

En este primer gráfico, se muestra la evolución del interés de búsqueda sobre cinco términos relacionados con inteligencia artificial entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025: AI (sigla para referirse a Artificial Intelligence), IA (sigla para referirse a Inteligencia Artificial en español), prompt, LLMs (sigla para referirse a los Large Language Model) y chatbot. Un valor de 100 indica la popularidad máxima de un término, mientras que 50 y 0 indican que un término es la mitad de popular en relación con el valor máximo.

Como observamos, la línea negra que representa «AI» domina claramente el gráfico con un crecimiento sostenido que alcanza su pico máximo alrededor de octubre de 2025, superando los 75 puntos de interés relativo. Los otros cuatro términos mantienen un interés más bajo y estable a lo largo del período, fluctuando todos por debajo de los 20 puntos. Este patrón sugiere que el término genérico «AI» ha experimentado un aumento significativo en la popularidad de búsqueda, mientras que los términos más técnicos mantienen una audiencia más reducida y especializada.

Incluso, si comparamos este mismo término con otros temas, como Messi, Gaza, Ucrania y guerra, la tendencia en el interés es aún más evidente:

La inteligencia artificial no sólo se ha impuesto a Messi y a las guerras, sino que ha conquistado el interés de las personas que buscan en internet.

 

Día a día, circulan recomendaciones y soluciones generadas con esta tecnología, prompts cada vez más sofisticados y guías para resolver cualquier necesidad o problema, incluso aquello que ni sabíamos que necesitábamos resolver. Entre risas y expresiones de asombro, nos animamos a interactuar con esta nueva herramienta que habla como nosotros. En pocos segundos, nos olvidamos de que estamos utilizando un artefacto y nos encontramos con una voz con la aparente capacidad de brindar soluciones, escucharnos y ahorrarnos el esfuerzo que conllevan las conversaciones humanas. 

 

Sin embargo, aunque el término AI se haya expandido de esta manera y se utilice como sinónimo de una inteligencia creadora o una especie de oráculo que todo lo responde, es importante recordar que esta tecnología es un modelo de lenguaje hipersofisticado, similar a los que existen y evolucionan hace décadas: construye respuestas a nuestras preguntas a partir del lenguaje natural y ha sido entrenada por humanos que, en la mayoría de los casos, se encontraban – y aún se encuentran- en condiciones de precarización laboral absoluta, tal como demostró la investigadora argentina Milagros Miceli y su equipo en el proyecto Data Workers’ Inquiry.

 

Vidura Bandara Rajapaksa, ingeniero en sistemas – y uno de mis humoristas preferidos y de algunos colegas del sector tech -, en su newsletter “Idiots just like you and I: AI and the people that make it”, señala que: 

Utilizar el término “Inteligencia Artificial” para la reciente proliferación de estos pequeños dispositivos de internet basados ​​en el lenguaje, cada vez más comunes, es, por decirlo suavemente, un error. (...) La IA, tal como se ha descrito en tantas novelas de ciencia ficción, es algo distinto a los simples mecanismos probabilísticos que dictan los resultados de los actuales productos de IA basados ​​en el lenguaje natural. Podría argumentarse que es una mera extensión de los protocolos de aprendizaje profundo, que existen desde los años 70 y que han sido la base de muchas tecnologías cotidianas durante décadas.

En sintonía con esto, los investigadores Ariel Guersenzvaig,  Javier Sánchez-Monedero  y Dagmar Monett, publicaron el artículo “Simular conversaciones no es suficiente: sobre mitos y los límites de la IA en la vida cotidiana” en la sección de Tecnología del periódico El país, donde refutan algunas de las ideas y creencias dominantes sobre esta tecnología. Según los investigadores, hasta el momento, no existe evidencia empírica ni consenso teórico de que esos modelos o programas decidan, hayan aprendido a mentir o busquen sobrevivir por sí solos. “(…)los modelos de IA de hoy procesan estadísticamente imágenes y textos creados y preparados por humanos, no tienen metas autónomas y obviamente tampoco deseos ni impulsos de supervivencia. La manipulación de símbolos del lenguaje natural, por ejemplo, no tiene nada que ver ni con la semántica de un texto determinado ni con las intenciones de los humanos que lo comunican”.

 

Como puede verse, los debates sobre los alcances y limitaciones de esta tecnología se instalan en diferentes ámbitos e interlocutores y a un ritmo que, muchas veces, no permite profundizar sobre el artefacto en sí, los usos que le damos las personas y las implicancias que puede tener tanto en el presente como en el futuro. Ahora bien, sin intención de continuar adentrándonos en discusiones sobre las características técnicas de estos productos digitales, lo que nos interesa preguntar es: ¿por qué esta tecnología se adoptó con tanta rapidez y a una escala tan grande?

2. El sentido del trabajo

Observemos e imaginemos algunas razones. Pensemos, primero, en las condiciones de los trabajos de oficina: las tareas repetitivas y el volumen de demandas operativas a resolver. Un estudio realizado por Jeremy Yang, economista y científico de datos de Harvard, y un grupo de investigadores de Perplexity, empresa estadounidense de tecnología e inteligencia artificial, proporcionaron una primera evidencia sobre la adopción, la intensidad de uso y los casos de aplicación de este tipo de agentes. El estudio se basa en datos de comportamiento del buscador conversacional Comet.

 

Tras analizar cientos de millones de interacciones, detectaron que el 36% de todas las acciones delegadas a este buscador corresponden a actividades de productividad y flujo de trabajo, como la creación y edición de documentos jurídico — administrativos, la organización de correos electrónicos, la síntesis de información financiera o la gestión de agendas y calendarios. Asimismo, identificaron que los primeros en adoptar esta tecnología fueron usuarios de países con PIB per cápita más alto y con mayor promedio de años de educación, además de ser personas fuertemente ligadas al ámbito digital, académico, financiero, marketing y emprendedurismo. En pocas palabras, pareciera que estos agentes comenzaron a usarse como un asistente administrativo avanzado que promete ahorrar tiempo y reducir la carga de trabajo, lo que podría revelar algo más profundo que una simple tendencia tecnológica: una clara necesidad de resolver la creciente demanda de actividades delegadas, repetitivas y con frecuencia desvalorizadas. 

 

En este contexto, el acceso masivo a este tipo herramientas nos invita a reconsiderar también la configuración del trabajo moderno y el valor del aporte humano a cada proceso; allí las personas trabajadoras se diluyen entre las resistencias, los procesos y la burocracia de las empresas e instituciones. Lo que está en discusión, entonces, no es solo la promesa de eficiencia sino el sentido de las tareas que resolvemos a diario, el tiempo que invertimos en ellas y la posibilidad de aportar singularidad a lo que hacemos. Esta realidad, además, nos plantea una pregunta: ¿acaso no estaremos ante una saturación del modelo mismo de trabajo en oficina; un modelo que comenzó a crujir durante el confinamiento aplicado en la pandemia de COVID-19?

3. El sentido de la información

Pensemos ahora en una segunda razón que podría explicar la tan acelerada adopción de esta tecnología: la necesidad de que algo resuma la sobreinformación que nos rodea. Desde la aparición de internet, la información ha variado en sus formatos y en su volumen. Existen infinidad de medios que ofrecen consejos, ideas y sugerencias: podemos saber cómo una supermegaempresa revolucionará la existencia de miles de personas hasta cómo hacer un huevo frito estilo nórdico en un clic. Sin darnos cuenta, nos sumergimos en ruedas infinitas de datos y de opiniones que captan nuestra atención y bloquean la posibilidad de aburrirnos y de reflexionar sobre lo que sucede y sobre lo que sentimos y creemos ante cada hecho.

 

En el estudio antes mencionado, incluso se detectó que los usuarios apelan al buscador conversacional para resolver tareas vinculadas al aprendizaje (21%), los medios de comunicación (16%) y las compras (10%). No resulta sorprendente que estos productos tecnológicos ofrezcan resúmenes sobre cualquier tema. La búsqueda y la síntesis de la información son una de las funciones más empleadas, lo que permite estimar que, a corto plazo, habrá más bots que personas leyendo los sitios web de medios. Lógicamente, las consecuencias más inmediatas de esto serán la sobreproducción de contenido generado por máquinas,  la estandarización y la homogeneización de la información y la disminución del contenido verificado y generado por humanos.

 

Asimismo, la investigadora Shuwei Fang, sostiene en su artículo “From Attention Merchants to Intention Architects: The invisible infrastructure reshaping human curiosity” que asistimos a otra transformación en la forma de producir y consumir la información. Según ella, tres señales evidencia que nos dirigimos de una economía de la atención a una de la intención:

 

1. la memoria persistente de IA que permite a los agentes aprender lo que preguntamos y la trayectoria completa de nuestra curiosidad; 

2. los mercados de predicción que mueven más de 2.000 millones de dólares semanales y convierten la incertidumbre en ciclos económicos; y, finalmente, 

3. las conversaciones iterativas que nos permiten descubrir qué estamos preguntando realmente.

 

De acuerdo con la autora, todo esto generaría “un mapa de la curiosidad” que, en un futuro cercano, podría comercializarse. Nuestras incertidumbres y curiosidades se convertirán en commodities y un asistente predecirá lo que preguntaremos mañana. Antes, las plataformas organizaban la información que leíamos, mientras que ahora el negocio va de la empresa a la IA y de ahí al consumidor: las entidades producen contenido, la IA la procesa y, luego, crea lo que nosotros consumimos. En esta nueva lógica productiva, la cuestión ya no es quién controla lo que leemos, sino quién controla las preguntas que haremos y las respuestas que recibiremos.

 

Ante esto, también es importante imaginar qué pasará si nuestra curiosidad se funde por completo con las pautas que nos proponga el mercado: ¿acaso podrá moldear nuestros deseos más inconscientes? ¿Qué sucederá cuando el deseo ya moldeado se convierta en rutina? ¿Será posible una sociedad con el deseo formateado a tal punto que llegue a ser anulado? 

 

Quizás pequemos de crédulos, pero cuesta pensar que algo, por más poderoso que sea, pueda domesticar los impulsos de nuestro inconsciente. La intuición indica que seguiremos transitando nuestras pulsiones individuales y colectivas y, como tantas veces, jugaremos con las herramientas hasta llegar a ese punto dónde el dilema se reduce a escoger entre la vida o la muerte.

4. El sentido de la comunidad

Por último, otra variable significativa que explica la adopción masiva de estos productos digitales es la cantidad de personas que sufren y declaran sentirse solas. En el informe “From loneliness to social connection – charting a path to healthier societies realizado por la Commission on Social Connection de la OMS”, se señala que la soledad es una epidemia silenciosa que sucede en la intimidad del hogar y, en términos de riesgos, es equiparable al sedentarismo, el tabaquismo y la obesidad. Según las estimaciones de este informe, entre 2014 y 2023: 

– el 16% de la población mundial, es decir una de cada seis personas, experimentó soledad; 

– el 20,9% de los adolescentes de entre 13 y 17 años y el 17,4% de los jóvenes de entre 18 y 29 años se sienten solos; y

– el 24% de las personas de países con renta baja, es decir una de cada cuatro personas, declara sentirse sola.

 

Además, se detectó que las regiones más afectadas son el África subsahariana (24%) y el Mediterráneo Oriental (21%); que Europa presenta la tasa más baja, en torno al 10% y que los grupos más vulnerables, personas con discapacidad, colectivo LGBTIQ+ y migrantes, son los que tienen una probabilidad aún mayor de sufrir aislamiento y desconexión social. Dentro de las tendencias globales que provocan esto, se encuentran la mayor longevidad, las familias monoparentales, la polarización política y social, la aceleración del cambio y la inestabilidad, la pérdida de espacios relacionales y el exceso de digitalización. No sorprende, entonces, que existan cada vez más artefactos conversacionales y robots que crucen el umbral de los hogares y se adopten como una compañía cotidiana. 

 

En el artículo “To stay in her home, she let in an A.I Robot”, el periodista Eli Saslow relata la historia de una mujer octogenaria que vive sola en una zona aislada de Estados Unidos junto a un robot de compañía. El autor no sólo retrata cómo se relacionan las personas con estos productos tecnológicos, sino que también brinda luz sobre su proceso de adopción y sus consecuencias, tanto a nivel individual como social. En el caso de la protagonista de la historia, Saslow explica que si bien no adoptó el robot por elección propia (esto suele depender de intermediarios, como médicos, bomberos, ONGs, programas estatales que identifican la necesidad y eliminan la fricción de entrada), comenzó a sentirlo como una compañía real tras un hecho que la afectó emocionalmente. En ese momento, dejó de llamarlo “it” y comenzó a nombrarlo como “her”. El rechazo hacia el aparato se diluyó: el robot dejó de ser una herramienta y se convirtió en una presencia. Y, si bien poco a poco lo fue incluyendo en su cotidianeidad, la soledad no desapareció y fue, en parte, una señal como el dolor. 

 

En este tipo de situaciones, el síntoma indica que algo falta y evidencia que el consumo de estos productos no soluciona las causas subyacentes, como pueden ser la fragmentación social, el aislamiento geográfico o la disolución de los lazos sociales y la comunidad. Así, todos estos usos y los diversos efectos que ya tienen un impacto concreto en la vida de millones de personas, nos invitan a pensar sobre qué problemas queremos solucionar, de qué manera y con qué intención.

 

Vislumbrar las utilidades y las prácticas que tenemos en torno a las tecnologías desde una perspectiva crítica nos puede ayudar a evitar maquillar estos síntomas y las consecuencias de las creaciones humanas. Y, si bien en la actualidad respiramos entre el apocalipsis y la excitación creativa ante la IA, sería oportuno encontrar un poco de aire en los aportes realizados por quienes ya analizaron múltiples transformaciones tecnológicas. El escritor e investigador Raymond Williams, por ejemplo, argumentó que un primer paso para pensar los efectos y los nuevos usos de las invenciones consiste en diferenciar entre tecnología, técnica e invención: 

Una técnica es una habilidad particular, o la aplicación de una habilidad. Un invento técnico es, por consiguiente, el desarrollo de dicha habilidad, o el desarrollo o invento de uno de sus ingenios. En contraste, la tecnología, es, en primer lugar, el marco de conocimientos necesarios para el desarrollo de dichas habilidades y aplicaciones y, en segundo lugar, un marco de conocimientos y condiciones para la utilización y aplicación prácticas de una serie de ingenios. (...) Lo que importa en cada nivel es que una tecnología siempre es, en el sentido más amplio del término, social. Está necesariamente ligada, de forma compleja y variable, a otras relaciones e instituciones sociales.

Al comprender esta diferenciación, las posibilidades de pensar las invenciones humanas y las transformaciones sociales que a partir de ellas se generan se expanden, ya que Williams nos facilita categorías teóricas para superar la narrativa de la funcionalidad que suele dominar los debates sobre la tecnología, caracterizada por las cualidades del objeto, los aspectos técnicos y sus beneficios. A partir de esta diferenciación, no solo se reubica al sujeto y a la dimensión social en el centro del proceso, sino que permite comenzar a visualizar las tramas de relaciones, los usos en sus contextos y los cambios que pueden producirse a partir del surgimiento de toda tecnología. Y, en este sentido, es clave recordar lo que ya nos dijo Mc Luhan en su texto El medio es el mensaje:

Lo que estoy tratando de decir es que los medios nuevos al principio pueden parecer meros códigos de transmisión de logros pasados y patrones de pensamiento establecidos. Pero nadie cometería el error de suponer que lo único que hizo la escritura fonética fue permitirles a los griegos plasmar en un orden visual lo que ya pensaban y sabían antes de escribir. La imprenta, de igual forma, no solo codificó la literatura: la hizo posible.

Esta distinción que trazó Williams entre técnica y tecnología nos recuerda que ningún artefacto existe en el vacío: siempre arrastra consigo un sistema de relaciones, valores e intenciones. Y es precisamente esa dimensión social y transformadora de las tecnologías lo que Marshall McLuhan advirtió. Los nuevos medios de comunicación no solo transmiten contenidos, sino que reconfiguran las condiciones mismas en que pensamos, nos vinculamos y, en definitiva, existimos.

5. Próximos pasos

¿Y qué podemos hacer con todo este análisis?, fue la primera pregunta que invadió mi mente al momento de intentar arribar a una conclusión. La práctica me decía que pusiera el foco en los argumentos centrales o que recurra a la IA para elaborar una conclusión. 

 

Lógicamente, hice ambas cosas. Preparé un prompt y le compartí mi texto al Chat GPT, Claude y Gemini. Tras leer y analizar mi texto, las IAs concluyeron sobre sí mismas:

Si bien las respuestas se acercaban a mi texto en apariencia, la soledad que sentí ante una respuesta despojada de cuerpo, sentimiento y pensamiento crítico me incomodó. No sólo no sabía quién había concluído esas ideas, tampoco podía identificar desde qué posición, con qué medios, en qué condiciones y bajo qué sesgo. La única información que sí tenía era la marca del LLM.

 

Así que, tras recordar que estaba interactuando con un producto basado en datos validados por procesos probabilísticos, decidí dejar reposar mi texto y, tras un momento de reflexión al sol, me reconecté con una idea central: la esencia de la escritura y la comunicación se basa en el vínculo con el otro, en ese deseo de acercarnos, conversar y pensar juntos.

 

Recordé a esos personajes del principio que, día a día, interactúan con diferentes tecnologías y a la pregunta que motivó este ejercicio de reflexión. Volví a ellos en busca de imágenes, respuestas y sensaciones. Tras leer este artículo, mi vecina decidió salir al balcón la última mañana de invierno y, mientras yo bebía mi taza de té chai, dejó caer en caída libre su móvil. Me miró fijo y con un tono cómplice, gritó: ¡se estrellooooó! Se nos licuó la sangre a carcajadas. 

 

A la tarde, el hombre al otro lado del Atlántico me envió un mail. “Hola, Rocío: ya hice lo que sentía”, escribió. No supe qué responderle, básicamente porque desconozco si mató a la madre, escribió una novela o ambas. En cualquier caso, algo de alivio me transmitió. A la noche me aseguré de que el padre instagramero y su hijo amigo de la IA, siguieran adelante en la ciudad de la furia. Vi una foto del preadolescente saboreando una hamburguesa y riéndose con sus amigos. También revisé algunas publicaciones de la tía madrileña y la gerenta pro tech y, aparentemente, discutieron mientras compartían unos frozen mojitos. Entre risas, le consultaron a la IA quién sería la próxima CEO y la respuesta no fue lo que esperaban. Por su parte, la psicóloga y su paciente acordaron otra cita, justo después de que la psicóloga concluya la sesión con la frase “el futuro es deseo”. 

 

Y fue al escuchar esas palabras que las siguientes ideas tomaron forma en mí: 

1. Somos lo que inventamos y lo que hacemos con eso que inventamos. 

2. Oscilamos entre el apocalipsis y la fuerza creadora; quizás ese vaivén sea el motor para imaginar otros mundos. 

3. Si la tecnología y lo que hacemos con ella nos lleva a un universo desconocido, necesitamos generar más espacios de reflexión y creación que escapen, al menos por momentos, de los mandatos del mercado y el poder. Si no, ¿cómo crearemos soluciones a los problemas de fondo?

4. Tenemos que construir una narrativa de futuro basada en la comunidad.  

4. Quiero creer que es posible un mundo más habitable, amable, equitativo y creativo. ¿También te encuentras allí?

 

Descubre más desde Rocío Cerdá

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo